escher_148.jpgEste mes de marzo se celebrarán en nuestro país las Elecciones Generales, de las que saldrá el nuevo Gobierno para la próxima legislatura. Una vez más, puntual a esta cita tradicional de las vísperas de los comicios generales, el Círculo de Empresarios publica un documento dirigido a los futuros Legisladores. España se enfrenta en estos momentos a una preocupante situación de incertidumbre política, económica y social que, si cabe, hace mayor que nunca el deseo del Círculo de Empresarios de colaborar con los nuevos responsables políticos de una forma constructiva, mediante distintas
propuestas relativas a las políticas necesarias para encarar con garantía los retos que se vislumbran en el horizonte de la economía española. El propósito del Círculo en este documento no es valorar cuestiones de carácter meramente coyuntural, que tanta relevancia adquieren en el debate político, sino recordar a quienes sean nuestros próximos gobernantes la importancia capital de los elementos estructurales como determinantes del bienestar y la prosperidad de nuestra sociedad.

El gran desafío económico que se perfila a medio y largo plazo, pero también en el futuro más inmediato, es el de la competitividad. España, octava economía en el mundo por tamaño del PIB, ocupa hoy posiciones mucho más atrasadas en las
clasificaciones de competitividad (por ejemplo, ha descendido hasta el vigésimo noveno puesto en el ranking del World Economic Forum). Además, tras varios años de crecimiento sostenido y superior al de nuestros socios europeos, comienzan a
multiplicarse las señales de una ralentización de la actividad. Esto ocurre, además, en medio de las enormes incertidumbres que siguen marcando el día a día de los mercados financieros internacionales desde que, a mediados del año pasado, comenzaran a notarse los primeros síntomas de la crisis del mercado hipotecario subprime en los EEUU. En estas circunstancias, la capacidad de mantener una senda de crecimiento sostenido hacia mayores niveles de prosperidad se hace, si cabe, incluso más relevante.

El Círculo de Empresarios ha prestado y sigue prestando especial atención a la cuestión de la competitividad de la economía española. De hecho, ha sido un tema transversal en todas las publicaciones de los últimos años, además de eje principal en
muchos de nuestros documentos en el mismo periodo. Así, las ideas que aquí se exponen se corresponden con los argumentos que han dado soporte a las propuestas contenidas en esas publicaciones.

En la búsqueda de mayores dosis de competitividad para nuestra economía es esencial tener presente que España se mueve hoy en un entorno internacional altamente globalizado. De este entorno internacional se derivan tanto muchas de
nuestras oportunidades de prosperidad como, gran parte de los riesgos que amenazan a la misma. Así, adquiere singular importancia la política exterior que, como en otros países desarrollados, ha de ser un soporte imprescindible para el proceso de internacionalización de la economía española. Aprovechar al máximo las primeras a la vez que se minimizan los segundos requiere, en primer lugar un marco institucional adecuado, creíble y sólido. La economía española debe, ante todo, asegurar su
unidad de mercado y garantizar la independencia de los órganos supervisores, en un marco regulatorio de calidad, donde asimismo se garantice la seguridad jurídica. Para ello, resulta obvio que la independencia judicial, establecida en la Constitución, se hace absolutamente necesaria.

El Círculo también desea hacer un llamamiento para que la sociedad civil, por medio de sus instituciones, participe en los procesos de consulta, decisión, gestión y control de las políticas públicas, tal y como ocurre en los países avanzados. Por lo tanto, aboga por una sociedad civil con capacidad de liderar su propia transformación.

La calidad institucional se antoja condición sine qua non para cualquier intento serio de impulsar nuestra competitividad. Pero no bastará con el cumplimiento de ese requisito. Son necesarias muchas más medidas, tanto de política estrictamente económica, como en otros ámbitos muy diversos. Porque las raíces de la competitividad se hunden más allá de la situación coyuntural, afianzándose sobre todo en los fundamentos estructurales de la economía.

Una de las políticas económicas clave en nuestro país, dada la cesión de la soberanía monetaria al Banco Central Europeo, es la fiscal. En esta materia, lo primero que hay que señalar es que España ha logrado instaurar una estabilidad macroeconómica, sobre todo presupuestaria, apenas imaginable a comienzos de la década pasada. Situar las cuentas públicas en superávit ha sido, sin duda, un logro muy notable que se encuentra en la raíz de los muy buenos resultados económicos registrados. Sin embargo, no hay que cejar en el empeño.

La estabilidad presupuestaria, por parte de todas las administraciones de nuestro país, es fundamental en un entorno de incertidumbre como el que atraviesa la economía mundial. Esta estabilidad implica saldos presupuestarios equilibrados, incluso en la fase de desaceleración de ingresos públicos que acompañará al menor crecimiento real. Conviene así un saldo presupuestario suficientemente holgado para que las autoridades fiscales cuenten con un margen de maniobra que les permita, sobre todo, generar una mayor confianza de modo que la política presupuestaria tenga mayor capacidad de ejercer satisfactoriamente su papel. Esto es particularmente cierto para la economía española por varias razones. A corto plazo, por su vulnerabilidad y dependencia financiera del exterior así como por la sensibilidad del endeudamiento privado a las variaciones en los tipos de interés. A más largo plazo, por la evolución demográfica y su presión creciente sobre el sistema de pensiones de la seguridad social, principal protagonista del actual superávit.

Una consolidación fiscal sostenible en el tiempo pasa por la reducción del tamaño del sector público, y una apuesta por la eficiencia en la gestión del gasto. Por el lado de los ingresos, la fiscalidad ocupará un papel esencial en la recuperación de mayores niveles de competitividad. Más allá del nivel en que se mueva la presión fiscal, será una buena estructura impositiva la que genere los incentivos adecuados, promoviendo el ahorro, especialmente a largo plazo, la inversión y el empleo.

Por último, las reformas estructurales están llamadas a ser el gran determinante del futuro de nuestra economía, porque serán ellas las que la doten o no de la capacidad de respuesta necesaria para arrostrar los cambios presentes y futuros. El Círculo de Empresarios ya ha señalado en repetidas ocasiones los ámbitos en que esas reformas son más urgentes y pueden ser también más positivas de cara al futuro. Asimismo, el Círculo ha insistido en la necesidad de Pactos de Estado que
garanticen la implementación de dichas reformas, aislándolas de las visicitudes de un ciclo político cuyo horizonte temporal es más corto que el necesario para experimentar todos los efectos positivos de las transformaciones estructurales
.

En línea con lo indicado acerca de la calidad institucional, una de las reformas estructurales pendientes se refiere a la búsqueda de un sector público mucho más eficiente, capaz de proveer a la sociedad de los distintos servicios esenciales para el
bienestar y la equidad. Eso exigirá, entre otras cosas, revisar la distribución de competencias entre las Administraciones Territoriales en función del binomio eficiencia-equidad.

El principio de la eficiencia también debe guiar la reforma del sistema educativo, hasta convertirlo en el marco propicio para el “aprendizaje a lo largo de toda la vida” que hoy exige la adaptabilidad y empleabilidad de los individuos. Ese marco se corresponde con un sistema educativo articulado como una “red” de itinerarios diversos que se cruzan y conectan entre sí, y de la que los individuos pueden desvincularse en un momento para volver a formar parte de ella posteriormente a lo largo de su vida. De ahí que las reformas han de aplicarse a todos los niveles y etapas de la educación, incluida la formación en el mercado de trabajo.

Ese mercado representa, precisamente, otra de las esferas de nuestra vida económica más necesitada de una reforma coherente y profunda. Problemas como la elevada prevalencia de la temporalidad o la todavía baja participación femenina señalan la presencia de rigideces en el mercado laboral, que merman la potencia del motor de creación de empleo en nuestro país. Es necesario terminar con esas condiciones para sustituirlas por mayores dosis de flexibilidad, que faciliten también la conciliación de la vida personal y laboral.

También habría de mejorar el funcionamiento de otros mercados clave para la economía, como es el caso de la energía. Éste es un sector decisivo en el que habría que tomar medidas de alcance, incluida la consideración del papel de la energía nuclear, en línea con lo que ya están haciendo otros países desarrollados, como ingrediente del mix energético imprescindible para garantizar la seguridad del suministro.

Via :Circulos de empresarios


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